¿Príncipe azul o Grey?

No es un secreto para nadie que desde niñas nos han metido en la cabeza ese cuento del famoso príncipe azul… Y uno hasta cierta edad o cierto momento desea encontrar un hombre con las características que vemos en las películas de Disney, películas con las que crecimos pero que no hicieron otra cosa que freírnos las neuronas.

Claro que uno quiere un caballero, que sea una ternura, que se preocupe por uno y tantas otras cosas que uno desea encontrar en el hombre “perfecto”, pero eso no es todo… Gracias a las chick flicks que taaaaanto amamos, buscamos que ese fulano sea perfecto, en todo el sentido de la palabra; carita perfecta, ojos perfectos, nariz perfecta, boca perfecta, peinado perfecto, abdomen perfecto, un culito perfecto, espalda perfecta, con excelentes trabajos, de excelentes familias, que harían cualquier cosa estilo película por nosotras, perseguirnos por toda la ciudad si nos enojamos y huimos, llevarnos flores a la oficina, recogernos en el trabajo todos los viernes y llevarnos a algún plan loco, finalmente proponernos matrimonio en una cena romántica en el mejor restaurante de la ciudad, a la luz de las velas. Todo muy lindo, peeeeero… ¿y de aquello qué?, no nos digamos mentiras, por más que nos echen el carretazo del amor y todo ese discurso (muy lindo por cierto), de amor solamente no se mantiene una relación, para mí existen 7 pilares indispensables en toda relación:

1. Amor

2. Respeto

3. Fidelidad

Las 4. patas de una cama (por poner un ejemplo)

 

Ahí es donde uno se cuestiona ¿Príncipe azul o Grey?, Yo creo que la elección es obvia (por lo menos para mí que soy poco conservadora), en épocas de nuestras abuelitas, desear un hombre estilo Christian Grey podía ser un escándalo de lo peor. Pero ahora, sin tener en cuenta moralismos ni nada de esas cosas, creo que nadie debería llegar al altar sin saber qué le espera el resto de su vida, estamos en capacidad de elegir y para ello hay que conocer lo que se va a tener para siempre. No soy partidaria de casarse a ciegas, pero lo respeto.

Príncipe azul o Grey, lo que sí sé que debe ser obligatorio, es que ese personaje debe amarnos y consentirnos con el alma, tener ganas de hacer nuestras mañanas, tardes y noches infinitamente felices. Y si ha de quedarse en nuestras vidas, debe ser un experto en abrazarnos en las noches y traernos café en las mañanas.

 

accesorios anastasia stelle 50 sombras de grey (16)

Mis “ellas”

Todas sabemos que en algún momento queremos encontrar a ese ser al que lleguemos a considerar el amor de nuestras vidas, ese hombre con el que logremos hacer “Click”. 

Pero tenemos claro que no es una tarea fácil, lleva un buen tiempo esa búsqueda, requiere de paciencia y esfuerzo; paciencia porque no cualquiera puede ser el ganador de nuestro corazoncito, esfuerzo porque hay que saber elegir bien, no caer en los brazos de cualquier pelele sólo porque se esté agotando el menú, sí señoritas, escasea el menú de BUENA CALIDAD.

Uno debe saber que los ex por alguna razón son eso “EX”, son como esos pasabocas que a uno le reparten en las fiestas, para embobarlo mientras llega el plato fuerte. No está mal disfrutarlos, porque ese es el objetivo, lo malo es cuando uno se empeña en volver a ese bocadito, terminan siendo comida chatarra que uno sabe que le va a hacer daño, le van a sacar esos gorditos indeseables y hasta le van a producir acné. Así que ¡por favor! si usted sabe que ahí no hay futuro, pues deshágase de ellos; una vez haya logrado suprimirlos de su menú, comience a hacer las cosas bien, en lo posible mándelos a la porra y evite toda tentación de volver a su consumo.

Apóyese en sus amigas, sus “ellas”, esas que perfectamente podrían ser el amor de su vida, las que siempre están ahí con uno sin importar si es para enfarrarse, ver chick flicks (son las únicas que van a verlas con uno las veces que uno quiera), comer como cerdas, burlarse de los Romeos fallidos, reír de nuestras estupideces o llorar con nuestras penas. No hay mejor remedio para los corazones rotos que la compañía de ellas, lo digo por experiencia propia; no hay nada, absolutamente nada que sea más efectivo que sus amigas, un café, buena música y una excelente charla. 

¿Qué haría yo sin mis “ellas” a las que tanto adoro?. Ellas son las únicas con la capacidad de resolver tanta emergencia.

 

Imagen

 

 

Pasión por la pecosa

La versatilidad de nostras las mujeres sale a flote con respecto al hombre que nos guste y nos volvemos una magas para mimetizarnos en el ambiente en que se desenvuelva el target con quien estemos andando. Y como estamos en época de fútbol (mundial, champions league y copa libertadores), nuestros vocabularios se enriquecen con apellidos de futbolistas, equipos nacionales y extranjeros y por supuesto la típica frase: ¿Donde vamos a ver el partido?

Nosotras comenzamos a dar ese paso, entre el amor y el odio por el deporte que acoge a un montón de piernas (bien buenas por cierto) persiguiendo a la “pecosa” o la pelota. Nos volvemos unas expertas en marcadores y opinión futbolera; claro, nos despiertan y acuestan con el mismo tema, nos tocan las “charlas” casi peleas entre los hinchas apasionados en los que se convierten todos los hombres y usted ni opine, por el momento escuche, coja opiniones de aquí y de allá, para que cuando vea la oportunidad y este con ese nerdental en que se a convertido su prince charming lo deje sorprendido.

La verdad es que nos encanta el futbol y por razones muy distintas a las de los hombres. Estamos en primera fila apenas dan la formación del equipo y empieza el himno, solo porque es el único momento donde esos once jugadores están quietos, y hacemos el reconocimiento de área, clasificando a los jugadores en: del montón, normal, decente, tiene potencial, ricurita y el típico jugador que nos despierta esa pasión futbolera haciéndonos decir mentalmente: “me veo el partido por vos“. 

Somos tan o más apasionadas por el fútbol como los niños, gritamos, analizamos jugadas y hasta sacamos ese insulto desde las entrañas porque el equipo contrario nos metió un gol. Sufrimos con las caídas y barredoras que se meten los jugadores, nos dañamos el manicure con tanto suspenso y si el partido se va a penaltis pobre del hombre que este al lado de nosotras, aruñamos, gritamos y hasta saltamos si lograron meter el balón.  

 Así no nos crean nosotras también disfrutamos tanto del fútbol como cualquier otro macho alfa dominante.