Llamando


-Te sientes bien? Su tono era cariñoso, como quien no quiere hacer daño.
-Estoy bien. Mi voz se quebró por un momento pero agradecí estar hablando por teléfono y no verlo.

-Te hecho de menos. Me dijo. Sus palabras sonaban a verdad, pero ya era demasiado tarde, todo llegaba a su fin y aunque con cada palabra mi corazón sufría de una taquicardia tras otra, mantuve mi respiración.

-Hace mucho no nos vemos, le respondí finalmente. Y el silencio se hizo más fuerte, más prolongado. uno de los dos tenia que hablar, uno de los dos debía de ponerle fin a esa tortura.

-Me dio gusto escucharte, mañana madrugo y es tarde. Le dije.
-Esta bien. Descansa.

No dormí, repetí en mi mente una a una sus palabras, su triste cariño y la melancólica llamada. ¿Por qué era tan cruel hablar? estábamos tan lejos de actuar naturalmente y habíamos olvidado como era. Todos dicen que el tiempo cura todos los males, en algo deben tener razón, “no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”.

Decir adiós nunca había sido cosa fácil para mi y mientras me preparaba una taza de café para ayudarle al insomnio, supuse que las noticias de aquel viaje habían llegado a sus oídos, por algo la llamada, por algo la melancolía. ¿Cuantas veces más me tenia que perder para que por fin luchara por mi, por un nosotros? No. la decisión estaba tomada, la maleta casi lista y la nueva aventura a otro huso horario de distancia. Una llamada inconclusa no cambiaba nada, la vida real no funciona como las chick flicks.

Otro suspiro y una ultima revisada al celular. El mundo esperaba ahí afuera y no estaba dispuesta a dejar pasar más tiempo.

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Cuando esperar, desespera.

La espera es una ruleta rusa, ruleta rusa porque no sabemos qué va a pasar al final de la espera.
Siempre estás jugando con la posibilidad de salir ganadora después de esperar y darte cuenta de que valió la pena (que es lo que quisiéramos finalmente), pero tristemente también hay que tener en cuenta y considerar que podemos perder, perder no por esperar, sino por todo lo que podemos desaprovechar mientras esperamos, personas que dejamos pasar, oportunidades, todo por guardar la esperanza de que al final y sólo al final podamos decir “valió la pena”.

En mi opinión usted debe prepararse siempre para lo peor, no es pesimismo, es simple realismo. Si usted está preparada para dejar ir a esa persona por la cuál está esperando, es posible que no le dé tan duro cuando llegué el momento (pajazo mental, a uno se le rompe el corazón igual).

Lo duro es desprenderse y más cuando se han compartido intereses, gustos, pensamientos, risas, besos, caricias, no importa el tiempo que haya durado, pero si usted siente que tenía tanta afinidad con esa persona, es posible que le dé peor que una tusa de un novio de veinte mil años.

Encontrar a alguien con quien se comparta el gusto por los atardeceres, las estrellas, el verde de las montañas, compartir tantos pensamientos que uno creía que sólo cabían en la cabeza de uno, ¡pero no!, la vida le pone a uno esa persona en el camino, esa persona que con sonrisas se metió en lo más profundo del corazoncito de uno.

Esas son las razones por las cuáles uno se queda en la espera, las que hacen que uno desista de partir, las que hacen que por más que el cerebro ordene alejarse, gana el corazón y uno decide quedarse, esperar y ver qué pasa.

Aunque lleguen los días en lo que uno desespere sabiendo que hay razones de peso que no permiten que uno esté completamente con esa persona, el corazón hace que uno quiera esperar y ver qué pasa. Esperar y ver qué decisiones toma la otra persona, porque la vida es eso, la vida son las decisiones que uno toma.

¿Y ustedes qué opinan? El que espera, desespera… ¿o no?.

 

NETJ