Recordar sin odiar.

Uno muchas veces hace suposiciones, encuentra excusas, le perdona todo, hasta le da la razón.

Pero esto solamente dura mientras el corazón aguanta una decepción tras otra, y créanme, mi corazón aguantó demasiadas, hasta que un día gritó “¡NO MÁS!”, no fue fácil, por el contrario, fue demasiado difícil, creí que no saldría de ese abismo.

No lo culpo por no haber sabido cómo quererme, tal vez yo lo quise más de lo que él esperaba ser querido, en fin, eso ya no importa. Tampoco me arrepiento de haberle amado como lo amé, porque me hizo sonreír y soñar.

Hoy, después de tanta ira y tanto dolor, puedo decir que no le guardo ningún tipo de rencor… Aunque a veces quiero estrangularlo por haber huido, después de haber logrado conocer la parte más bonita de mí, la yo romántica, cariñosa, tierna; justo cuando había jurado y re jurado no meterme con babosos.

En fin, de él prefiero únicamente guardar las cosas bonitas, las cosas que me hicieron ser feliz, porque al final comprendí que no vale la pena envenenarme con los recuerdos llenos de lagrimas, es en el momento que uno mira hacia atrás y ya no siente deseos de volver a ese “atrás”cuando uno sabe que está mejor sin él.

Y no es cuestión de olvidarlo, sino de recordarlo sin rencores, sin odios, sin arrepentimientos.

 

 

 

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