Recordar sin odiar.

Uno muchas veces hace suposiciones, encuentra excusas, le perdona todo, hasta le da la razón.

Pero esto solamente dura mientras el corazón aguanta una decepción tras otra, y créanme, mi corazón aguantó demasiadas, hasta que un día gritó “¡NO MÁS!”, no fue fácil, por el contrario, fue demasiado difícil, creí que no saldría de ese abismo.

No lo culpo por no haber sabido cómo quererme, tal vez yo lo quise más de lo que él esperaba ser querido, en fin, eso ya no importa. Tampoco me arrepiento de haberle amado como lo amé, porque me hizo sonreír y soñar.

Hoy, después de tanta ira y tanto dolor, puedo decir que no le guardo ningún tipo de rencor… Aunque a veces quiero estrangularlo por haber huido, después de haber logrado conocer la parte más bonita de mí, la yo romántica, cariñosa, tierna; justo cuando había jurado y re jurado no meterme con babosos.

En fin, de él prefiero únicamente guardar las cosas bonitas, las cosas que me hicieron ser feliz, porque al final comprendí que no vale la pena envenenarme con los recuerdos llenos de lagrimas, es en el momento que uno mira hacia atrás y ya no siente deseos de volver a ese “atrás”cuando uno sabe que está mejor sin él.

Y no es cuestión de olvidarlo, sino de recordarlo sin rencores, sin odios, sin arrepentimientos.

 

 

 

Mi tóxico Él.

El día que mi él me rompió el corazón, bueno, la última vez que mi él me rompió el corazón, después de pensar y pensar quién tenía la culpa, de echarme la culpa constantemente, de buscar cómo arreglarlo, de llorar, calmarme, volver a llorar, volver a calmarme, de estar en ese círculo vicioso que parece no acabar; pensé, ¿Y si mi él es tóxico en mi vida?, no lo sé, quisiera pensar que no lo es, pero al pensar en cuántas veces en los últimos meses hemos pasado al menos una semana queriendonos más que peleando, no recuerdo cuando fue la última vez que sucedió eso. No estoy diciendo que no nos queremos, no, todo lo contrario, nos queremos y muchísimo, pero no es suficiente para que funcione como debería.

Entonces, vino a mi mente, cuántas de nosotras hemos pasado por la misma situación? Y nos ensañamos en querer permanecer ahí, en donde no sabemos si va a mejorar, en donde no razonamos que amar no es suficiente, nos olvidamos de nosotras mismas, del amor propio, de que para poder hacer sonreír y hacer feliz a otro, primero debemos serlo nosotras, y si ya no tenemos eso en nuestro interior primero hay que arreglarnos antes de querer arreglar a otro, antes de que esa compañía se convierta en algo tóxico para nuestras vidas, consumiendo las pocas energías que nos quedan. En el amor ambos deben querer permanecer, cuando eso deja de ocurrir es el momento de soltar y aprender a vivir. Solo al momento de querer tomar la decisión de estar bien y de ver nuestro verdadero valor, entenderemos que no está bien estar en esa situación de ser lastimado y perdonar, o lastimar y pedir perdón constantemente.

Por eso hoy les digo: ¡quieranse!, tengan la suficiente valentía para seguir adelante, siempre está el miedo a no encontrar a alguien que nos haga sentir como alguna vez nos hizo sentir esa persona, pero tampoco es justo estar esperando que ese alguien nos quiera de nuevo como nos quiso alguna vez.

“Saliendo del infierno”

Este post es un pequeño homenaje a Diana Marcela Rincón, autora del libro “Saliendo del infierno: mi batalla contra la anorexia”, fue una gran luchadora, desafortunadamente perdió su batalla, pero con su legado contribuyó a que yo (y espero que muchas otras guerreras) lograra salir de mi infierno. Desde el fondo de mi corazón escribo este post a todas las mujeres; ya sean niñas, adolescentes o adultas que sufren o han sufrido con el demonio de la anorexia y la bulimia.

Para comenzar, explicaré brevemente en qué consiste la anorexia. Mi médico me lo explicaba como un trastorno en el que distorsionas tu propia imagen, lo que lleva a disminuir la ingesta de alimento de forma progresiva o incurrir en ayunos prolongados.

Nunca comprendí la gravedad del tema hasta que lo viví en carne propia, este demonio silencioso te consume la mente, las ganas de todo, el amor propio y lo que es peor, no te afecta sólo a ti, sino también a tu familia, tus amigos. Yo no quería que nadie estuviera cerca, estaba construyendo una barrera que dejaba fuera a todos mis seres queridos.

Foto: Daniellehelm

Foto: Daniellehelm

El primer y más difícil paso de dar es reconocer que tienes un problema y permitir que te ayuden. No puedes aislar a tu familia, especialmente a tus padres, tus hermanos.

Contrario a lo que piensa toda la gente cuando te ve bajar de peso tan rápida y notablemente, cuando comienza a quedarte grande la ropa que antes te quedaba ajustada, esto no solo se debe a la vanidad, no es por querer ser bellas, ni por ser aceptadas, esto va mucho más allá, cada caso es diferente, cada mujer es un universo diferente.

A todos los que me leen y tienen amigas o familiares pasando por este terrible momento, solo puedo decirles: no las juzguen, ya suficiente dureza tiene uno contra si mismo, como para que llegue alguien más que no puede entrar en tu mente y saber qué es lo que realmente sientes y piensas a juzgar y a hacerlo todo más difícil.

Y a las mujeres que sufren con esto, debo decirles: luchen, entiendo que es difícil, yo lo viví, lo importante es encontrar algo que te aferre a la vida, que te reconecte contigo misma. En mi caso fueron los animales; he amado los animales de manera especial, no hubo mejor terapia que ello. Tuve una pequeña lanuda abandonada que fue mi espejo, estaba delgada, tenía problemas de piel, ella fue fundamental para salir de ese agujero que me estaba consumiendo en vida. Juntas nos recuperamos, fuimos ganando peso y más que peso, ganando alegría nuevamente, fue mi gran compañera de batalla junto a mi otra lanuda con la que he compartido desde que era adolescente. El primer ciclo de recuperación se cerró con su adopción, era el comienzo de una nueva vida para ella, lejos del abandono y el sufrimiento que había opacado su peluda vida.

Tendrás que luchar contra las recaídas, pero cuanto más te conectes con tu verdadero ser, serán menos frecuentes, empezarás a amarte y a aferrarte a lo que disfrutas, solo así lograrás sanar tus heridas y entender que somos más que un número.

Con amor, a todas las guerreras.

¿Y si fuera mi él?

Si no vienes,jamás sabráscómo (1)

¿Y si mi él está realmente destinado a ser mi él?, esa es una pregunta que me hago todos los días; cada día es mas complicado, ¡pero obvio!, ¿quién dijo que aquello de las relaciones es fácil?, ya es bastante difícil tener una relación con uno mismo, ahora para tener una relación con otro individuo, lidiar con otros demonios, otros bochinches, otros caprichos (en mi caso, soy demasiado consentida). Y es que cuando uno permite que alguien más entre en ese plano de intimidad (por intimidad no entienda solo sexo) se está arriesgando a entregar a ese personaje un arma de destrucción que uno espera que no use. Uno sabe que entregó esa arma en el momento que uno quiere huir, pero ya no puede, es ahí cuando uno sabe que se enamoró y que está al descubierto con el sujeto en cuestión. Obvio no es premeditado, o díganme ¿quién planea enamorarse?. Y no es que él me hiera, no señor, y sé que no quisiera hacerlo (o eso espero), pero el solo hecho de que no sea capaz de correr a mi lado ya es un factor hiriente, que paso por alto cuando vuelvo a verlo. ¿Es que a quién no le da vuelcos el corazón cuando se mira en los ojos de esa persona?. ¿Quién no se ha creado en su cabecita películas de momentos que desea?, conversaciones que probablemente nunca se llevarán a cabo, entre otras. Yo he creado esas conversaciones mil veces, por ejemplo mi mente ha volado hasta un momento hipotético en el que mi él decide correr a mi lado, y trato de imaginar cómo sería mi reacción, seguramente solo quedaría sin palabras, por lo que mi él creería que me asusté y quiero huir (lo conozco). Pero no todo es bonito, cuando se enoja conmigo por cosas sin sentido, también pienso en cómo podría sobrevivir a las peleas si estuviéramos juntos, a lo que encuentro la respuesta cuando se me pasa el enojo, ahí está la magia del amor, no importa cuánto se enoje y cuánto me haga enojar, si después de que se me pasa aún quiero volver a verlo y abrazarlo aún con más ganas. Aún cuando quiero tirarlo por una ventana (metafóricamente hablando), el corazón grita “aguanta una vez más”, aún cuando no se va, ni tampoco se queda. Todas las personas siempre estamos en busca de algún tipo de “estabilidad”; con lo que no voy, es cuando esa “estabilidad” cuesta lo que realmente queremos hacer; bien dicen que la zona de confort es un hermoso lugar, pero NADA crece allí, mi zona de confort se encontraba en aquél lugar donde se encuentran las solteras que no se enamoran (o que no quieren enamorarse), si yo no hubiera salido de ella, no sabría de las cosas bellas que me estaba perdiendo por andar saboteando a cuanto sujeto se me acercaba porque me creo caída de quién sabe dónde.

Al contarles todo esto quiero darles un consejo: ¡SALGAN DE SU ZONA DE CONFORT!, Si lo hacen, hay probabilidades de que se equivoquen, eso está claro, y si se quedan también existe la gran posibilidad de estar cometiendo el error de sus vidas y adicional a ello, JAMÁS sabrán qué hay allí afuera, qué tiene el mundo para ofrecer, nunca sabrán cómo hubiera sido.