El amor también tiene cuatro patas.

Hoy no vengo a escribirles de manes, ni nada de eso. Ésta mañana al despertar, lo primero que vi fue una nariz negra, muy mojada, en forma de ping pong y unos ojos entreabiertos que parecían con más sueño del que yo tengo habitualmente. Los que tenemos un greñudo de cuatro patas en casa al cual amamos así a veces nos haga enfurecer, sabemos el real significado de una compañía y un amor incondicional.

Así que hoy vengo a escribir sobre mi pequeña bola de pelo, de cuatro patas, lanuda, nariz mojada y un corazón que no sé dónde le cabe siendo tan pequeñita.

Ella ha sido mi compañera durante muchos años, mi fiel compañera. La que ha “trasnochado” (si se puede llamar así a quedarse dormido en las piernas de alguien más) durante las tareas del colegio que dejaba para última hora, las largas noches de trabajos de la universidad y las interminables noches de tesis, quien se ha quedado en la puerta esperando que yo llegara de la rumba, quien me acompañó todo el tiempo en las tusas eternas y aunque no me habla para decirme lo idiota que me veía llorando por aquél pelele, sólo con que se acostara a mi lado era suficiente.

¡Y créanme, no hay mejor antidepresivo que ellos!

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Imagen tomada de We Heart It

Ahora ella es vieja, me he dado cuenta de que probablemente me queden pocos años con ella así que la baba en mi cara, el pelo en mi cama y en mi ropa que antes me molestaban tanto, ha dejado de ser tan molesto; y ahora me preocupo por consentirla más, es sólo un poco de lo que puedo hacer por ella después de estar ahí en todos los momentos durante estos años. Ahora encontramos más divertido estar en las cobijas viendo alguna película abrazadas, los días de juego se han ido, pues ambas somos mayores y ella ya no tiene la misma energía que cuando era una cachorra, pero seguimos siendo compañeras de vida y no cambiaría absolutamente nada de ella, aunque ahora sea una vieja cascarrabias, mi vieja cascarrabias. Y por siempre la dueña de mi corazón.

Imagen tomada de We Heart It

Imagen tomada de We Heart It

23 vueltas al sol.

El 2014 fue mi vuelta al sol número 23, estuvo llena de amor, drama, amistad, drama, trabajoooo, drama, mil cosas más y… MÁS DRAMA.

El 2014 me empujó, me caí, me hizo raspar las rodillas, pero así mismo me regaló personas que me tendieron su mano para levantarme y ser mejor de lo que era antes. Al comienzo del año jamás me imaginé nada de lo que pasa ahora; lo único de lo que tenía certeza era de la compañía de mis ellas. Mis ellas enamoradas de la vida, las loquillas esas que siempre están presentes.

Al terminar el 2014 seguíamos juntas, sin faltar el buenos días y las bromas diarias; el año pasado nos dejó lágrimas y muchas risas, heridas de amor, y nos enseñó a curar el corazón de aquella a la que algún sampado le había herido.

Nos dio tantas historias y vivencias como para decidir compartirlas con quienes nos leen y se identifican de alguna manera con lo que escribimos.

El 2014 me dio un él que me sacó de quicio mil veces, nos rompimos el corazón otras tantas y me alegró otras cien mil, me dio los más bellos besos, suspiros, sonrisas y atardeceres por los que le estoy agradecida, me regaló expediciones a los lugares más remotos con mi él. Me dio noches de rumba, mañanas de guayabo y tardes de café con mis ellas, las que llevo siempre en el corazón y tienen la fórmula perfecta para alegrar el corazón.

En fin, al 2014 le agradezco por mis amigas, mis amigos, por haberme traído situaciones que me obligaron a tomar decisiones, por haber hecho tantas cosas y por no haber hecho otras, por mi familia y por mi él.

Para mi vuelta 24 al sol, espero amor, amor, amor y MÁS AMOR.

Ah, y pues es cliché, pero tengo que decirlo… ¡Feliz 2015!

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Tomada de We Heart It

Mis “ellas”

Todas sabemos que en algún momento queremos encontrar a ese ser al que lleguemos a considerar el amor de nuestras vidas, ese hombre con el que logremos hacer “Click”. 

Pero tenemos claro que no es una tarea fácil, lleva un buen tiempo esa búsqueda, requiere de paciencia y esfuerzo; paciencia porque no cualquiera puede ser el ganador de nuestro corazoncito, esfuerzo porque hay que saber elegir bien, no caer en los brazos de cualquier pelele sólo porque se esté agotando el menú, sí señoritas, escasea el menú de BUENA CALIDAD.

Uno debe saber que los ex por alguna razón son eso “EX”, son como esos pasabocas que a uno le reparten en las fiestas, para embobarlo mientras llega el plato fuerte. No está mal disfrutarlos, porque ese es el objetivo, lo malo es cuando uno se empeña en volver a ese bocadito, terminan siendo comida chatarra que uno sabe que le va a hacer daño, le van a sacar esos gorditos indeseables y hasta le van a producir acné. Así que ¡por favor! si usted sabe que ahí no hay futuro, pues deshágase de ellos; una vez haya logrado suprimirlos de su menú, comience a hacer las cosas bien, en lo posible mándelos a la porra y evite toda tentación de volver a su consumo.

Apóyese en sus amigas, sus “ellas”, esas que perfectamente podrían ser el amor de su vida, las que siempre están ahí con uno sin importar si es para enfarrarse, ver chick flicks (son las únicas que van a verlas con uno las veces que uno quiera), comer como cerdas, burlarse de los Romeos fallidos, reír de nuestras estupideces o llorar con nuestras penas. No hay mejor remedio para los corazones rotos que la compañía de ellas, lo digo por experiencia propia; no hay nada, absolutamente nada que sea más efectivo que sus amigas, un café, buena música y una excelente charla. 

¿Qué haría yo sin mis “ellas” a las que tanto adoro?. Ellas son las únicas con la capacidad de resolver tanta emergencia.

 

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